Hogar Este articulo, que aparecio en el periodico El Mundo poco despues de la desaparicion de Pablo Elvira, aparece aqui gracias a la cortesia y el permiso de su autor, el tenor Jesús Quiñones Ledesma. Para visitar la pagina del tenor y de su compañia de ópera, Aptel Inc,, dar clic aqui.
PABLO ELVIRA SANTANAUn Timbre Histórico de Barítono Lírico
¡Adiós Pablito, Siempre te recordaremos!
Puerto Rico ha perdido uno de sus hijos predilectos. Los artistas líricos hemos perdido un compañero. Yo, personalmente, he perdido un amigo. “Un hermano de alma”, como decía el mismo Pablito cuando se refería a una persona que estaba en su corazón. Así nos sentíamos cuando alternábamos y nos encontrábamos, por Gracia de Dios y del destino, y nos acercábamos, una que otra vez, para compartir como en tiempos pasados las delicias de nuestros recuerdos juveniles.
Precisamente en noviembre del 1998, en la conmemoración de los veinticinco años de trabajo de Aptel, Inc. Pablo, en respaldo a mi esfuerzo, aceptó mi invitación y participó en los conciertos de aniversario que se presentaron en la isla. Parece que el destino quería que renováramos el feliz momento que vivimos cuando, a instancias mías, viajáramos a Nueva York para hacer la audición con la Metropolitan Opera Company. Después de recibir el formulario de audición, que había llenado por mi cuenta, y le llegara la confirmación de participación, recuerdo que en aquella ocasión me dijo, “muchacho, no puedo... tengo que tocar un baile en Cabo Rojo esta noche.” Mi insistencia fue tan explícita y constante que, en menos de veinticuatro horas, conseguimos los boletos, fuimos a comprar ropa de invierno y Pablo se enfrentaba al gran reto que lo impulsaría a una carrera luminosa.
De las veces que cantamos juntos en Puerto Rico, en esa última ocasión Pablo, con emoción en su rostro y sinceridad en su expresión, me agradeció públicamente el interés que puse en el inicio de su carrera lírica. Verdaderamente, aunque lo sentí con gran aprecio y devoción de amigo, me reafirmé ante el hecho de que “era una cita con el destino que estaba llamada a ser una realidad maravillosa.” Cuando íbamos en mi automóvil por la isla, en ruta para los conciertos, el trayecto se convertía en horas de recuerdos y alegrías inolvidables. Traían a nuestra mente las experiencias pasadas; como aquella en que llegáramos a Nueva York en la noche del gran apagón famoso. Después de tantos intentos, para aterrizar el avión, nos llevaron a New Jersey. La electricidad tardó en ser restituida pero eso no fue todo: nos tocó subir a pie diecisiete pisos del Hotel Dixie y para bajar de nuevo tuvimos que pensarlo varias veces. Aún así tuvimos que bajar y subir las escaleras en par de ocasiones y siempre lo recreábamos en nuestros encuentros, por que en aquellos momentos, con la barriga vacía, no teníamos otra alternativa. No habíamos comido en largas horas. Aquel comienzo Pablo nunca lo olvidó. Entre esa anécdota y otras, seguía transcurriendo el tiempo y así se iba incrementando, en nuestros corazones, la satisfacción del recuerdo de una experiencia vivida entre ambos.
En cierta ocasión, hace años, llegamos a cantar juntos la ópera Aida en Providence, Rhode Island y en ese entonces Pablo empezaba a afianzarse en la carrera. Disfrutamos muchísimo compartiendo los ensayos, las salidas a comer y hablar sobre los proyectos mutuos. Siempre le decía, “esta carrera es un compromiso ineludible con la profesión que hemos escogido, pero en mi caso mi familia está siempre primero.” Él, sin embargo, se dedicó de lleno a cantar y su primer y único hijo le llega bastante tarde en su vida. De hecho se convirtió en el principal estímulo de su vida. Fue una dicha muy grande que le proporcionó una felicidad inmensa.
Posteriormente lo invité a cantar la ópera Il Tabarro de Puccini en 1978 y que mejor situación para ambos que aquella en que Luigi, el tenor, en el más intenso momento dramático de la obra, cae al suelo desfalleciendo y Pablo llena con su voz mi alma con una de sus más maravillosas interpretaciones operísticas. En ese momento me sentía, además de ser su compañero de escena, el espectador mas emocionado y feliz. Pablo había rendido con aplomo, musicalidad y entendimiento vocal una página de ejecución extraordinaria que ha quedado en mi corazón eternamente. Mientras Pablo sostenía entre sus manos mi cuerpo moribundo sus vibraciones se filtraban por mis tejidos y su interpretación, penetrando por mis venas, se amalgamaba con mi sentimiento creando un final de intensa proyección artística y musical. Ese poderoso entusiasmo exaltó una audiencia que aún recuerda a Pablo Elvira por su voz segura, su entrega artística, su línea de canto y entendimiento musical y los muchos roles bel cantistas que, por la excelencia con que fueron logrados, hicieron de él uno de los mejores barítonos líricos de los últimos años.
No esperábamos tu partida y nos ha consternado tu deceso. Me uno en memoria de nuestra amistad, que fue sincera y abierta, a esta ocasión en que los puertorriqueños reciben la noticia que nos entristece a todos. Pablito, que dicha fue verte en vida, a mi lado, antes de que te sorprendiera la llamada del Padre Celestial. Te perdemos hoy pero el cielo se engalana con el timbre de tu voz. Una voz que tenía matices angelicales y etéreos. Tu voz ahora podrá envolverse con el canto esplendoroso y divino de los ángeles del cielo. El Todopoderoso, al reclamar tu voz y unirla a ellos eternamente, nos ofrece como preludio a nuestra suerte final, la oportunidad de volver a oírte nuevamente cuando nos llegue la hora del reencuentro. Pablo Elvira descansa en paz. El recuerdo que en nosotros has dejado de tu voz la perpetuará en nuestra memoria para siempre..
Jesús Quiñones Ledesma
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